Imagen de referencia sobre transporte fluvial, barcazas y obras en canales navegables.

El proyecto de restauración de los ecosistemas degradados del Canal del Dique continúa avanzando en Colombia mientras espera la aprobación ambiental necesaria para pasar a su fase constructiva. Esta hidrovía, ubicada en la región Caribe, conecta el río Magdalena desde el municipio de Calamar con la bahía de Cartagena, a lo largo de aproximadamente 115 kilómetros.

Aunque las obras mayores todavía dependen del proceso ante la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, ANLA, el proyecto se mantiene activo en su etapa preoperativa mediante actividades de mantenimiento, operación y dragado. Esta fase es clave para conservar la navegabilidad del canal y preparar la infraestructura para las intervenciones de mayor escala.

Para el sector marítimo y logístico, el avance del Canal del Dique no es un detalle menor. Su operación tiene relación directa con la conectividad fluvial del Caribe, la protección de comunidades ribereñas, la reducción de sedimentos hacia la bahía de Cartagena y la estabilidad de una zona estratégica para el comercio, la navegación y la operación portuaria.

Más de 3.500 embarcaciones han transitado durante la fase inicial

Durante la fase preoperativa, más de 3.500 embarcaciones han transitado por el Canal del Dique, según información reportada por MundoMaritimo y la Agencia Nacional de Infraestructura. La ANI también informó que, desde el inicio del proyecto hasta diciembre de 2025, se habían removido más de 2,5 millones de metros cúbicos de sedimentos a lo largo del sistema.

Estas labores hacen parte de la denominada Unidad Funcional 0, etapa inicial orientada a mantener la hidrovía operativa mientras avanzan los estudios, diseños y trámites necesarios. La entidad también ha realizado mantenimiento, rocería y limpieza en más de 120 kilómetros de diques de protección, incluyendo sectores críticos como Calamar, Gambote, Soplaviento y Santa Lucía.

La importancia de estas acciones está en que permiten sostener el tránsito fluvial mientras el proyecto avanza hacia su etapa más compleja. En infraestructura, a veces lo que no se ve es precisamente lo que evita el desastre: dragar, limpiar, monitorear, sostener taludes y mantener estructuras vivas antes de que el río decida escribir su propia versión del contrato.

El Estudio de Impacto Ambiental, paso clave para las obras mayores

Uno de los puntos centrales del proyecto es el Estudio de Impacto Ambiental solicitado por la ANLA. Según MundoMaritimo, la ANI informó que este estudio presenta un avance cercano al 65%. Una vez el documento sea presentado y aprobado, se abriría el camino para iniciar la fase constructiva, estimada en 51 meses.

La ANLA había señalado en 2025 que el Estudio de Impacto Ambiental es el documento técnico fundamental para analizar la viabilidad ambiental del proyecto. También indicó que no podía definirse un cronograma de inicio de obras mientras el estudio no fuera radicado, evaluado y aprobado por la autoridad competente.

Este punto es sensible porque el Canal del Dique no es únicamente una obra de infraestructura. Es también un sistema hídrico, ambiental y social que impacta ciénagas, ecosistemas marino-costeros, comunidades ribereñas, áreas productivas y zonas asociadas a la bahía de Cartagena y Barbacoas.

Obras previstas: esclusas, compuertas y restauración ambiental

El proyecto contempla la construcción de dos grandes complejos de esclusas y compuertas en Calamar y Puerto Badel, además de 34 obras menores distribuidas en el área de influencia. En total, la concesionaria Ecosistemas del Dique describe 36 obras orientadas al manejo hidráulico, la conservación ambiental y la operación de la hidrovía.

Estas intervenciones buscan controlar el ingreso de caudal y sedimentos al sistema, reducir riesgos de inundación, mejorar la conectividad entre ciénagas y mantener condiciones de navegación. De acuerdo con la ANI, el proyecto combina obras hidráulicas como compuertas, diques y esclusas con acciones de restauración ambiental del sistema del Canal del Dique.

El Fondo Adaptación también identifica entre los objetivos del macroproyecto la regulación del ingreso de caudales, el control de sedimentos hacia las bahías de Cartagena y Barbacoas, el control de inundaciones, la intrusión salina, la adaptación al cambio climático y el mejoramiento de conexiones entre ciénagas y canal.

Restricciones temporales por dragado desde julio de 2026

Un dato reciente que conviene incluir en el análisis logístico es que la ANI informó restricciones temporales de tránsito en el Canal del Dique por actividades de dragado. A partir del 27 de julio de 2026 y durante un año, el tránsito por la hidrovía podrá realizarse entre las 8:00 a.m. y las 4:00 p.m.; el resto del día se aplicará restricción para facilitar las labores de mantenimiento.

Según la ANI, esta medida busca garantizar la seguridad de las embarcaciones y tripulaciones durante las operaciones de dragado. La entidad agregó que estas actividades hacen parte de las intervenciones de mantenimiento previstas en la etapa preoperativa del contrato de concesión.

Para operadores logísticos, transportadores fluviales y usuarios de la hidrovía, estas restricciones implican la necesidad de ajustar itinerarios, programar ventanas de navegación y coordinar con anticipación las operaciones. Es decir, el canal sigue funcionando, pero con reloj en mano y menos margen para improvisar.

Impacto para Cartagena, la navegación y el comercio regional

El Canal del Dique tiene una relación directa con la bahía de Cartagena y con la operación portuaria de la región. Autoridades locales han señalado que la sedimentación del canal representa un desafío tanto para la actividad portuaria como para ecosistemas cercanos, incluyendo zonas ambientales sensibles como las Islas del Rosario.

En marzo de 2026, durante una revisión del avance del proyecto, el presidente de la ANI explicó que el megaproyecto busca atender problemas históricos como inundaciones, sedimentación y deterioro de ecosistemas asociados al canal. En ese mismo contexto, se destacó que el corredor comprende 115 kilómetros y un área de influencia aproximada de 435.000 hectáreas.

Desde una mirada logística, mejorar el manejo hidráulico del Canal del Dique puede aportar a la estabilidad de la navegación fluvial, reducir riesgos operativos y fortalecer la articulación entre el río Magdalena y la zona portuaria de Cartagena. Esto es relevante para un país que necesita diversificar sus corredores de transporte y aprovechar mejor sus hidrovías.

Un megaproyecto con impacto social y ambiental

El proyecto tiene una inversión estimada de COP$3,25 billones, según información de la ANI, y beneficiaría a cerca de 1,5 millones de habitantes en municipios de Atlántico, Bolívar y Sucre.

La iniciativa también incluye acciones de acompañamiento a las comunidades ribereñas. MundoMaritimo reportó que se han atendido más de 300 servicios de asistencia a usuarios y que operan dos ambulancias fluviales equipadas con personal médico para responder a emergencias en la hidrovía.

Este componente social es importante porque el Canal del Dique no puede entenderse solo como una vía navegable. Es un territorio habitado, trabajado y sufrido por comunidades que conviven con inundaciones, sedimentación, pérdida ambiental y riesgos asociados al comportamiento del agua. Cualquier intervención seria necesita mirar tanto el mapa técnico como la vida que ocurre al borde del río.

FUENTES:

Leave a reply